Pajarito se llena la boca de aguardiente y se mueve alrededor de Ana conjurando los malos espíritus. Después sopla violentamente el orujo, que sale del color de la chicha morada.
‘A la señorita le obraron de mala fe’ sentencia. ‘Vamos a cavarle una fosa para que duerma en ella una noche y así vuelva a la vida’. Álvaro mira el reloj con angustia. Dentro de cinco minutos sonará la alarma para las medicinas. ‘Tiene el bicho, la señorita. Alguien le engendró peste celosa’. Agita las manos con vehemencia. Hace ruido con un par de calabazas llenas de semillas, murmura una plegaria ininteligible. ‘El ruido y la caña espantan al bicho’ dice. Dentro de dos minutos sonará la alarma para las medicinas. De los años salvajes de pico, el Rockola y las noches eternas, los demás cayeron. Ahora Ana. Sólo él tuvo suerte. ‘El bicho se le come la sangre a la señorita. Vamos a cavarle una fosa para que duerma en ella una noche y así vuelva a la vida’. Ana tiembla, se deja hacer, qué más da, intentémoslo todo y si no, por lo menos Cancún, mi amor. Morir en un lugar cálido. En una tumbona. En un hotel caro. Dentro de un minuto sonará la alarma para las medicinas. Hace tanto frío en Madrid en diciembre.