Todos hablan para la queja, para exigirme lo que les acucia; yo sólo quiero destejer, por fin a solas, la urdimbre del día. Ulises vendrá a poner fin al exilio si consigo callar con gracia, si me escondo con astucia de los que profanan el recuerdo de nuestra primera noche, si invoco para él la brisa favorable que duerme en el odre de los vientos. Llegará y, entonces, besaré con dulzura su torso de mendigo.