Lincharon al hombre que acababa de presentar evidencias científicas de que el Génesis fue un salivazo de Dios que hizo añicos el espejo. Nadie pudo evitar que la turba le llevara en volandas hasta la plaza del monolito. El nuevo Papa, a la cabeza, se desgañitaba con promesas de peor escarmiento a futuros herejes.
Después se hizo un gran silencio.
Pasaron los camiones recogiendo basura. Al amanecer la lluvia lavó la sangre de los adoquines. Una testigo del ajusticiamiento apuntó en su weblog que lo que acababa de ver le había recordado las palabras de la princesa Irulan: ‘Y llegó el día en el cual Dune se encontró en el centro del universo, con todo lo demás girando a su alrededor.’ Obviamente, la noticia no tuvo repercusión mediática alguna. Los Dos Poderes se aseguraron de ello.