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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Siempre has sido un poco guarra y fetichista, no sé a qué viene callarte ahora, si de hecho han salido a colación las pequeñas perversiones la mayoría de las noches de los viernes. Pero cómo contarle a Ana, a Elsa, a Olivia, a Maura – esa chica del Erasmus, tan modosita y tan en el fondo, Melissa Panarello – que te basta, para correrte, lamer el tatuaje de P. en la rabadilla, y seguir lamiendo más abajo, a, ante, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras, por qué no decirlo, su culo, demorando la lengua antes de llegar ahí, para morder a, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras, por qué no decirlo su coño y seguir leyendo negro sobre blanco, ese otro tatuaje, alrededor del ombligo, viciosa de su vello suave decolorado con Andina, y trepar como bebé hasta sus pezones, tirando de los piercings con los dientes, y por fin incrustar tu lengua seca en su boca, buscando la humedad de su lengua, por qué no, mientras tus dedos a, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras se hunden hasta su fondo, sin que ella haga otra cosa que ronronear y gemir, sin que haga otra cosa, sin que te toque siquiera, qué gustito, sí mi amor, así, así, ven, ven, qué bien me lo haces, no pares, más, más, ahí también.

Cuando te mira, es la locura: sólo puedes pensar en su sexo. Su sexo borra todo temor a la muerte.

Pero imagina sus caras oyéndote, imagina si papá y mamá se enteran. Sería más fácil decir ‘se la comí a fulanito y acabó en mi cara’ o ‘le dejo metérmela a pelo’. Tu imagen se vendría abajo como una pared en cascotes. Las mentiras hasta ahora te han sido muy útiles. Por eso las quieres: eres una de ellas. Y cuánto las quieres, aunque sean una panda de hipócritas. Y qué harta estás de saber que harás lo correcto. Si te maquillas bien, en la orla ni se notará tu cara de tortillera. Te casarás, follarás bien con tu marido – es decir, sin ir mucho más allá del polvo misionero -, tendrás hijos, navidades con tus padres o tus suegros, vacaciones en Nerja como en Verano Azul (“Bea, ya eres una mujer”), para que al final lo único que puedas chupar/leer sean clavos, fatídicas preguntas sin respuesta a tiempo, ¿quién soy al fin y al cabo? ¿Por qué no me quedé a, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por según, sin sobre, tras lamiéndola para los restos, si era toda la verdad de mi placer?

De qué te servirá entonces haber leído a Derrida, a Barthes, a Bukowski. De qué te servirá tu cuaderno plagado de citas eróticas. De qué te servirán, negro sobre blanco, las noches de locura en el secreto. Esta luz es apenas una tregua antes de la nada por venir. Se trata de no tener que dar nunca explicaciones. Se trata de conformarte.

En tu cama, en tu corazón, nunca estás sola. Es la soledad de los distintos, lo que temes.

No naciste para eso. Aprovecha ahora cada momento, cada dolor, cada goce. Almacena con pulcritud de archivista los detalles. Fotos, notas en servilletas, claves en tus diarios, mechones de su pelo, frascos de su perfume robadas en los grandes almacenes, los restos de su barra de labios, un dibujo del tatuaje, el tubo vacío de su rimmel.

Cualquier cosa en la que puedas pensar cuando seas un perfecto naufragio.

3 de noviembre de 2005
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