Marga Gil Roësset fue a casa de Zenobia y Juan Ramón, dejó su diario sobre un mueble, volvió a su estudio, destrozó todas sus esculturas y gran parte de sus bocetos. Tenía 23 años. ‘Todo lo bello, agradecido se te entra y te hace a ti más bello aún’, escribió el 7 de julio de 1932. Después se pegó un tiro.
Los teóricos del Net Art trabajan sobre el ideal utópico de la desaparición del vacío existente entre el arte y la vida, pero el arte es, esencialmente, algo que brota en los intersticios entre la vida y lo que creemos que es la vida, lo que esperamos que sea la vida. El net artista espera, como todos los artistas, consciente o inconscientemente, ser amado. Y como amado entendamos ‘aceptado’, reconocido en una pertenencia. No obstante, lo que permite la creación es la soledad, el vacío que reclama la creación de algo nuevo, que llene, que cobre forma, que surja de nosotros para hacerse fuerte, proyección de un deseo en la realidad. El Net Art también defiende la (práctica) muerte del autor en su teoría. Pero ¿cuántos se atreven a llegar a ese límite, renunciando al ego (cuerpo, deseo) que es el motor de su creación? La libertad nos da vértigo y nos lastramos con lo primero que encontramos. Amor, dependencia, sustancias, excusas, evasiones fáciles, net art.
¿Cuánto, cómo, dónde, qué es la muerte del autor? ¿Qué es comunicación privilegiada a la representación? ¿Qué consigue un autor que se inmola físicamente? ¿Qué consigue un autor que inmola su obra como extensión de sí mismo? Si comunicarse es establecer un diálogo ¿ha de privilegiarse el emisor al receptor o viceversa? ¿Cuál es el punto de equilibrio?
Cualquier muerte (física o simbólica) contiene un mensaje. Camus escribió en su Sísifo que un acto final se prepara en el silencio del corazón, como una gran obra. El 13 de agosto de 1942, en el sanatorio del doctor Lavista, en Tlalpan, en un descuido de los enfermeros, el químico visionario y escritor Jorge Cuesta se estranguló con las sábanas después de cortarse los testículos y clavarlos a la puerta.
Me resulta difícil todavía encontrarle peso a la teoría del Net Art y a veces algo irritante que aludan a la muerte simbólica del autor, como si fuera un acto de generosidad, siendo como es – convendría reconocerlo – un acto de placer, lícito, llamativo y autocomplaciente. Morir voluntariamente, en cualquier caso, siempre es llamar la atención. El arte es llamar la atención. Sacar de la veta agotada de lo corriente la pepita de oro de lo no corriente.