El arte se revela durante la corrección: paso por la cabellera del texto las púas de fino acero de un peine para piojos. Sin miedo, caen adjetivos, adverbios terminados en mente, palabras oscuras, confusas, ruidosas como liendres.
El desapego a lo que uno ha creado es cuestión de costumbre. La escritura no es más que algo que uno deja ir.