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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

1. Olvido:

Quién diría que nos encontraríamos así, después de tantos años. Todavía conservo marca de la última noche, te ensañaste y sólo supe agradecerlo cuando ya no me quedaba otra cosa. Las señas en la carne, aún no siendo de amor, son como butrones abiertos para robar la propia memoria. Olvida quien puede, dijiste. Tenías razón.

Llevo días observándote al salir del trabajo.

Besas a las chicas igual que entonces, a todas se les descolocan los andares y seguramente se le hace agua el roce de los muslos, aunque el beso sea uno y en la mejilla. El tiempo no te ha hecho perder facultades. No vengo a buscar redención, sólo alguna noche en vela y sexo, sin expectativas ni paseos patéticos por el álbum de lo que fuimos.

Te espero mañana, he apuntado las señas del hotel en el reverso de la tarjeta de visita que va adjunta en el sobre. Ven.


2. Nadie dice:

he venido a buscarte pero nunca me fui de ti. no hubo otra boca sino la boca que me tú diste, ni voz que no fuera el goce de tu gemido.

llega aquí, a esta cama de letras, y deja que en tu espalda escriba otra vez mi nombre, que reviva las cicatrices de aquel placer, la razón que nos dio nombre, a ti olvido, nadie a mí.

mañana sea.


3. Olvido:

De pronto, esa conciencia, cómo usurpa el tiempo lo que uno no fue consciente de haber amado. Sonrío. Paso la lengua sobre el mordisco del labio, el mimo salvaje de tu diente afilado, deteniendo las palabras inútiles. Sí. Eras tú, por fin. Las uñas clavadas en la espalda, quédate un poco más pensé, sin decir. De la ausencia se aprende a convivir con fantasmas y a dudar lo suficiente. Es mejor así. El silencio calma. El silencio a veces sublevado por el grito. El placer sin esperanza alguna. Amar, desear como muertos que reconquistan la vida sin permiso.

publicado en Textos el 18 de marzo de 2005


4. Nadie dice:

Soy los hombres que fui contigo, Olvido: el que tembló junto a tu ingle, el quemado por el aire que respiró en tu nuca, el de los ojos alunados y la boca hábil, calígrafa: mi nombre nadie dice escrito sobre tu piel.

'Miras como un superviviente', dijiste, y era así; buscaste tras mi rostro las viejas cicatrices como un cartógrafo se refleja en su propio mapa. Y soy entonces lo que fui a tu lado, y soy la linde que cubrió tus piernas, el peso de tu vientre, la memoria que dejaste.


5. Olvido:

Temblaba por dentro. ¿Me sentiste temblar? Podrías haberme quebrado como hoja seca, pero resbalé, fue silencio bajo el agua: bajar, bajar, caer. Entonces, los apetitos colmados, la lentitud, beber de ti como una muerta un instante antes de ser resucitada. Tus manos enredadas en mi pelo. Tus manos guiando el movimiento, más tarde hacia arriba, hacia arriba, como las de un pescador tirando de pez grande, deseo feroz de boca ubicua.

¿Cómo consigues engañar la tiranía del tiempo, inflamando arterias, mordiendo, erizando los últimos bastiones del miedo, casi al margen de la piel?

Me juro a mí misma no llegar a necesitarte nunca, desde el primer encuentro.

Acude mañana, por favor, a una nueva cita.


6. Nadie dice:

Soy el hombre que cuida el animal que amas, soy el animal que amas; soy los hombres que nunca te amaron, el lento cuchillo que orilla tus piernas, la cuerda que ata, la cuerda.

Soy el espejo que mira, Olvido, quien entra en ti para que salgas, quien entra para huir contigo.

Soy la mano sobre tu pecho, la mano que señala, la mano que besas cuando sabe a ti, la mano que escribe lo que no tuvimos, los días viejos, juntos, los días.




1 de abril de 2005
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