7. Olvido:
Mírame, Nada, al cabo de las horas, husmeando tu rastro en mi cuerpo como una adolescente. Qué extraño todo desde el martes, verte desde lejos, sintiendo de inmediato que el tiempo no había transcurrido, espiarte hasta el jueves, medir sin ser capaz, la juventud usurpada, quieres creer que te deseo mucho más ahora, quieres creer que no me reconozco en la mujer que despertaste en los años de inconsciencia, quieres creer que cuando buscas mi coño con exactitud, sin cálculo aparente en la caricia, como quien circunda el delta en un mapa con ademán propietario, todo se me vuelve ardor en presente continuo, no puedo concentrarme en otra cosa, y así, ebria, dejada del mundo o desertando de él, llego al reducto que somos para dormirme pidiendo otra merced al día que llega, que mañana también acudas a la cita, que vuelvas a mis manos, que vuelvas a mi boca, que pueda servirte y complacerte. Cien imágenes giran locas en los huecos que dejaste.
publicado en el cuaderno de Otis B. Driftwood el 20 de marzo de 2005
8. Nadie dice:
Soy lo que queda detrás de ti, el cuerpo que late entre dos Olvidos, la nariz que descubre su olor refugiada entre tus pechos, la casa que abandono cuando tú te vas. Es la intemperie que deja Olvido, mi dulce memoria.
Soy la presa que te domina: mis dedos sobre tu boca, la humedad sin prisas, tus ojos libres.
publicado en Mató tu Onda el 20 de marzo de 2005
9. Olvido:
Traspasado el umbral de las habitaciones clandestinas, tú y yo no somos ya tú ni yo exactamente. Tu cuerpo me recorta las blanduras con filo de diamante, lo último que quiero es que seas compasivo, me abro en dos dispuesta a ser tu esclava de un modo que te abruma y porque conozco tu deseo de dominarme, eres dulce y manso justo donde tu gesto más lo desmiente.
En la estricta unión (ligadura, terciopelo, capucha, azote)se van dando ceremonias invisibles. Es raro encontrar en estos tiempos camas de hoteles con barrotes. No finjo, por primera vez no finjo el placer verdadero.
Mañana te esperaré en La Petite Claudine. De espaldas a la puerta.
publicado en Santa Maradona el 20 de marzo de 2005
10. Olvido:
Ven al abrigo del silencio cuando esté en su apogeo la noche. Creo que nos siguen, creo que conocen el refugio, creo que andan desarmando las palabras para dar con su médula. Estamos en fuga y Lisboa nos queda demasiado lejos. Tengo la piel de gallina y me duelen los besos de anoche, pero aún es virgen y nuestro el imperio de los sentidos de La Petite Claudine.
No tardes.
publicado en Santa Maradona el 20 de marzo de 2005
11. Nadie dice:
Somos graffitis en casa ajena, Olvido, intemperie; retumba así el pudor como una piel tensada, al filo de lo que fuimos, las voces perseguidas en estos ecos: un horizonte con palabras de paso.
La melaza del tiempo escurre sobre tu piel desnuda, mis dedos que te buscan sola en la habitación, las piernas ateridas, los sonidos del pasillo en este hotel del Chiado donde pesan los hombres que aún no soy, la humedad abierta, mi boca sobre tu pecho, la lengua que dibuja en ti, Olvido, espera, estoy en ciernes.
publicado en La Petite Claudine el 21 de marzo de 2005
12. Olvido:
La recepcionista me sonrió de un modo especial mientras comprobaba la reserva. Tardaste en subir. Empiezo a no verle utilidad a los vuelos separados, podríamos aprovechar ese tiempo tan bien. Casi siempre soy yo la que espera, la que coloca el ne pas deranger en la puerta, la que te mira incrédula, como se mira a un aparecido, la que te despide como si fueras a la guerra, la que se queda un par de horas más, la que se masturba a solas para no llorar, bajo la ducha, en un vano intento de prolongar la dicha. La que prepara tu maleta como si fueran mil años juntos, la que te desea con la sospecha de que tanta intensidad no puede ni debe ser perdurable.
La que en sus regresos inventa la lujuria de la cita siguiente , la que quiere violar todo límite, jadeando maniatada con vicio en los ojos, la que volverá a esperarte con labios húmedos, la que ensaya susurros de burdel, ya sola en casa.
publicado en Das Mystische el 22 de marzo de 2005