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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Puerta de la mezquita
Tres fantasmas entran en la mezquita de Mazar-e-Sharif. En la mano, el Corán. Bajo el burka, una botella de plástico duro con keroseno y una caja de cerillas.

Viejo teatro de Kabul
Sólo quedan las escaleras que comunicaban los cuatro niveles del teatro. Bajo el cielo limpio, la ruina, la naturaleza tenaz de los metales, la solidez de la mampostería.
Ahora eres un ángel de Alá. Todo estará lleno de jardines y arroyos, para ti, bella y buena entre las buenas. Para ti que has guardado siempre los cinco pilares de la observancia. Es sólo un salto.
Salta.

Shahida
Las cadenas que la sujetaron durante años al muro de adobe fueron la liberación del burka y el perdón para sus gestos obscenos. ¿Quién podría o desearía para su casa o su lecho a la misma encarnación de la vergüenza?
Durante el terremoto, su muro fue el único que permaneció en pie. La locura en esta tierra es un buen talismán.

Dispensario de Peshawar
La mujer se acercó como un animal asustado. Revisarla fue muy difícil. Nuestra intérprete estaba con afonía. Ya casi no nos quedaban existencias. Ni antibióticos, ni analgésicos, ni desinfectante.
Tenía llagas, en todas partes y su cuerpo olía a carne empezando a descomponerse. Levantábamos la tela azul, con cuidado, por sectores. Con unas tijeras de pinza plana y gasa empapada en betadine, fui limpiándola.
Entonces lo vi: sus pechos. Sus pezones y areolas, estaban mordidos. La intérprete transmitió mi pregunta ¿Hace cuánto tuvo a su último bebé? Seis años, contestó la mujer, en un hilo de voz inaudible. ¿Sigue dando pecho a su hijo? Hizo un gesto negativo con la cabeza. ¿Quién le hace esto? Mi esposo, mi suegro, mis cuñados.
Los hombres.

El retrovisor
Massoud me mira con deseo por el espejo retrovisor. Devuelvo una mirada feroz. Eso le excita aún más. Massoud enciende un cigarrillo. Me cubro la famosa camiseta del enrosque de kukuxumusu que me regaló Martín con un chaleco de camuflaje. A quién se le ocurre, ir de ong a Afganistán con un mensaje tan explícito serigrafiado sobre las tetas.
Massoud se moja los labios. Que te den, cerdo cabrón. Massoud no entiende el castellano, nena. Fuck fuck fuck. Cuando vuelvas a casa te putearán, fijo. Con lo pijita que tú eres, allí a chupar polvo. Debes estar de muerte en pelotas, bajo el burka.
Massoud para el motor. Se te pone el corazón en la garganta. Esto es lo más irresponsable que has hecho en tu vida. Más te vale que no se lo cuentes a mamá con el disgusto que tiene. Massoud se baja la bragueta y mea contra la rueda, mirándote, exhibiendo su virilidad como un gallito. Después sube y antes de arrancar abre la nevera portátil que tiene en el asiento de copiloto, se vuelve y te ofrece una coca cola con sus manos meadas. No gracias, dices. Haces que miras a lo lejos por la ventanilla. Massoud te mira por el retrovisor. Lo que has hecho con el chaleco le ha decepcionado.
La verdad, Chiqui. Quién te manda.

3 de diciembre de 2005
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