miniatura cruel número cuatro.
Una vez le contó a una de las enfermeras de noche que al nacer, envolvieron su cordón en paño de lino. Cuando se secó, lo molieron y tiraron el polvo al Rhin, para que fuera costurera como su bisabuela, su abuela y su madre.
Hace tiempo que entró en coma. Mejor así, los casos de cáncer de huesos son los peores. Ni siquiera la morfina les alivia. La vida da tantas vueltas. Al final, fíjate. Morirá sola en este hospital de Harstad. Dicen que fue la felicidad de tres generaciones de hombres en las plataformas BP. Desde que se supo que estaba enferma, vienen jóvenes, maduros, entrados en años a sentarse junto a ella. Le ahuecan la almohada, le besan la frente o la mano. Uno hasta sacó un peine del bolsillo y le arregló el pelo. Tendrías que verles llorar cuando acaban las horas de visita.