El arte y el erotismo son la inversión de un excedente de energía. Habitualmente tienen lugar una vez han satisfechas las necesidades primarias de sustento y supervivencia.
Bataille: ’ – ¿Quieres ver mis entresijos? – pregunta Madame Edwarda. Con las manos agarradas a la mesa, él se vuelve hacia ella. Sentada en frente, manteniendo una pierna levantada y abierta; para mostrar mejor la ranura estira la piel con sus manos. Los “entresijos” de Edwarda le miran, velludos y rosados, llenos de vida como un pulpo repugnante. Dice con voz entrecortada: – ¿Por qué haces eso? – Ya ves, soy DIOS…’
La red nos mira como los entresijos de Madame Edwarda. Irresistible, exagerada, suntuaria.
Guardado su postura provocante, Madame Edwarda ordena: ’ – ¡Besa! – Pero… ¿delante de todos?... – ¡Claro!
Él tiembla y la mira inmóvil; ella sonríe tan dulcemente que le hace estremecer. Al fin se arrodilla; titubeando pone sus labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acaricia su oreja: le parece escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos. En la insensatez del burdel y en medio de la confusión que reina a su alrededor permanece extrañamente en suspenso, como si Edwarda y él se hubieran perdido en una noche de vendaval frente al mar.’
Besa mis entresijos, ordena la red. Y lo hacemos. Besamos sus entresijos delante de todos.
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