Los desolados pueden permitirse creer en cualquier cosa, así que este año dejará sus zapatos de hacer cola en el INEM (los buenos) a los pies de la cama. Un cuenco con leche y un trozo de turrón también. Si no consigue trabajo en un par de semanas, tendrá que echarse a la calle a pedir. La quiero de vuelta, Melchor. O a una que se le parezca. Un poco. Sólo un poco. Los golpes me han predispuesto a la ingenuidad.