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el florido byte: Arrebato, 1979 | alquitara
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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Fue la única ocasión que volvió de amar como de un sueño. Sonaba Sister Morphine desde la víspera. Meter la lengua húmeda y sacarla seca. Qué sed de ti, mi amor. Qué sed de ti. El sexo perforaba con pulso de martillo neumático la carne tierna y el mar se venía sobre ellos con gesto de ir a llevarse el bote con una escalera de color. Ojo, que el alma no puede con tanto, y menos el cuerpo, si es belleza, le había advertido Juan riendo en el andén, seis días antes. Qué suerte tienes, cabrón.

Por primera vez, no pensó en nada más que en ella, entregada como si lo más bello de sí misma estuviera en su propio centro: hambre ciega y boca del que ya no espera nada, en el punto de partida. Tener un hijo contigo. Pasar la vida contigo. Susurró en su oreja un te quiero animal, gruñido disfrazado de otra cosa, nunca digas que amas, nunca digas que necesitas, nunca digas nada demasiado emotivo cuando amas y deseas de verdad. Los labios enredándose en el pelo, las manos ancladas a ambos lados de las caderas, en la duna ardida de sol, el sudor perlándose en su nuca y en
sus nalgas y en sus corvas, con el rocío del atardecer. Empujar, empujar, hasta dar con el fondo, dejarse allí como se deja la cáscara de un muerto.

Demuestra tu amor. Demuéstralo. Lees demasiados libros. No reparó en la linterna. A esas alturas ya habían registrado la ropa, los sacos de dormir, la tienda de campaña.

Pasaron gran parte del tiempo que duró la cópula de quelonios, riéndose, encendiendo pitillos con el ascua de la colilla, haciendo comentarios de mal gusto. ¿Recuerdas el nombre del submarinista alemán que se fumó nuestros porros, se bebió nuestras cervezas y después avisó al cuartelillo? ¿Hans? ¿Werner? ¿Armin?. Las tortugas lloran mientras llenan el nido. Recorren enormes distancias para poner los huevos en la playa donde nacieron. Éste está dejando el resto en la faena. Quédate echándoles un ojo a estos, que voy a mear. No jodas que se han quedao cuajaos. Les oye, siente lo que sienten, adivina lo que van a decir, lo que están pensando, como si estuviera en ella y también en ellos, como si tuviera ojos en la espalda, como si estuviera en el corazón de todas las cosas. Siente la racha de aire, la mano, la inquietud que se tiene inmediatamente antes de saber que algo pasa. Que no les tocamos un pelo, mi sargento. ¿Y a santo de qué vienen muertos y machucaos, cojones? Sería de sobredosis, mi sargento. ¿Sobredosis? ¿Sobredosis de qué? Tú sabes la que me va a caer de arriba por esto ahora? Que tienen pinta de guiris, si se os fue la mano, mejor que me entere ahora. Que no, mi sargento, que nos dio parte un alemán de que había dos jipis follando en las dunas y cuando llegamos todavía estaban en ello. Pues ya me diréis, de estar follando a estar muertos hay un trecho largo. Que no, mi sargento, que de pronto se quedaron tiesos. ¿Tiesos, carajote? Tieso te vas a quedar tú como no me entere de lo que pasa aquí. Fue Martínez a mear, venía aguantándose un rato. Si hasta esperamos a que los sospechosos acabaran y tó, no me explico lo que les pudo pasar. ¿Y qué ha dicho el juez, Núñez? Que estaban contusionaos, mi sargento. Que están contusionaos ya lo sé, pero de qué se han muerto, coño. No lo sabe, mi sargento. Pa mí, que de follar, porque se puede decir que se fueron del mundo en la gloria bendita.

Las sensaciones son cada vez más leves. La migraña en el rostro congestionado del sargento, el lío de papeles, el estupor, la mano alisando nerviosamente el pelo, el tricornio en el sobaco. Retírense, a ver cómo salimos todos de este embolao, pedazo de inútiles. Y lo quiero todo en el informe, sin faltar una coma. Mañana, sobre mi mesa. ¿Entendido?

El sargento echa mano del paquete de aspirinas y empuja un par a gollete de una botella que saca del cajón del escritorio. Pasarán horas antes del viaje al anatómico. Horas largas. Tú nunca dices nada cuando las cosas van demasiado bien o muy mal. Se va apagando el calor de mi cuerpo dentro de tu cuerpo, el calor de mi sangre dentro de tu sangre. No lloraste como las tortugas, tú sólo querías más y más adentro, hacer un último alarde de gracia, llevarme contigo lejos de aquí, sin darle al final tiempo para desmentidos. Tell me, sister morphine, how long have I been lying here? Qué bien me vendría esa piedrita turca ahora.

4 de mayo de 2006
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