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el florido byte: Samson-ite y Dalila II | alquitara
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edición nimage : 21 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

El viajero abre por última vez la cremallera, tantas veces abierta en los soles inciertos de algún país siempre más primaveral que el propio, y se sacude las últimas aguas de una alegría que ya ha empezado a irse. Regresa de un viaje como si regresase de haber rozado un deseo. No quiere abrir la maleta y que las cosas vuelvan a adquirir su rutinario valor de verdad. Sabe que sus zapatos, con su canción de polvo de calles que nunca serán suyas, cabrán, pese a todo en el mismo armario de siempre, un poco más pequeño que ayer. Penderán pronto las camisas de las perchas y ya habrán perdido el oreo fugaz del viento ajeno. Caerán los libros torpemente en la estantería, sin gozo, apretándose entre otros, encontrando desgraciadamente su sitio, lejos de la espesa luz que traían consigo.

El viajero abre por última vez la cremallera y regresa de la alegría del juicio suspendido, vuelve a las certezas de lo mil veces asido, se aleja, inevitable, del dulce temblor del viaje, de la búsqueda de un mundo, que nunca será el suyo, pero que ha rozado con la perfección de un breve amor; su estancia acarició otras tierras, sin removerlas hasta la entraña que las hace semejante a las suyas. Entrevió lugares, se sintió imposiblemente cercano a lo que no es suyo, quiso quizás quedarse y no lo hizo para no romper el encanto entreverado de lo inasible. Vuelve a las tristes certezas que trae lo mansamente conocido.

Abre por última vez la cremallera, desecha con ese acto, el último brillo de sus cosas, que traen en su uso, la patente que firma la felicidad cuando no se la compra, cuando se la atisba en la cuerda floja de un viaje siempre incompleto. Apenas espiada y fugaz, la ciudad que acaba de dejar se hace más deseable en cada uno de los pasos del regreso. En el último paso, el viajero aún no cree en la docilidad que lo volverá a sujetar a la dulce seguridad cotidiana, por eso, deshace la maleta y siente amargos, en cada cosa que, suavemente, buscará su contexto, el regusto que dejan los sueños descartados.

21 de mayo de 2006
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