Elegí esta prisión. Todas mis prisiones. No puedo pedir más de lo que tengo. No puedo culpar a nadie de la nostalgia. No puedo, a estas alturas, esperar tanto del amor, tanto de mí misma, ni salvarme por la literatura. El gusto por los místicos dejó profundas e insidiosas huellas. Abro el libro que me fue regalado dos veces: estar mucho contigo, conquistar dos noches, un paréntesis, lograr que adopten la consistencia total del tiempo, saciar mejor este apetito endiablado. Boca a boca.