La mente creativa necesita imágenes para trabajar. El cerebro ama lo simple. Busca dos imágenes simples, las más próximas a la raíz, al concepto o al símbolo. Prepara un esqueleto. Señala un punto de partida y uno de llegada. La chispa surge de la fricción y el apareamiento. El resto ocurre solo, incluso sin que tu intervención sea necesaria. Para el texto sólido, el autor es una idea prescindible.