el florido byteTOP 100 WEBLOGS .
edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

En torno a los mecanismos de fidelización en el universo de las bitácoras

El mensaje es el masaje.
Marshall McLuhan

Los mercados son conversaciones.
Cluetrain Manifesto


Mil soñadores en una sola cama
El blog y las reglas del deseo

El blog es como esas azafatas impecables que colocan en la cabecera de góndola de los supermercados para que nos ofrezcan, con encanto irresistible, una bandeja de jamón serrano para catar. El blog es un expositor en el que se disponen fragmentos de discurso de la forma más atractiva posible. Cada post es una tira de jamón serrano que nos ofrece la azafata. Nosotros, en tanto escritores, usamos a la azafata y la bandeja para vender un producto: el yo.

Toda relación comienza en un intercambio de información al que sigue otro intercambio más complejo, que surge de la gratificación inmediata de una necesidad. El compromiso depende de que esa gratificación siga produciéndose de forma más o menos recíproca para los interesados. Si el producto (blog) no se vende, puede ser por varias razones: que el jamón sea malo, que la azafata no consiga convencer al cliente de comprobar las bondades del producto o que no llegue a captar su atención. En cualquiera de los casos, el yo (el jamón) no se vende y eso nos ocasiona pérdida de beneficios (confianza, seguridad, autoestima) Las personas necesitamos en mayor o menor medida, establecer vínculos sociales. Buscamos certezas afectivas o intelectuales para aliviar miedos y complejos que, como medida de defensa, ocultamos deliberadamente a los demás..

Internet es el paraíso de los solitarios. El blog es un yo virtual, una ficción de nosotros mismos sobre la que, al contrario que en la vida, tenemos cierto control. Al llevar la vida al blog, nos da la impresión de estar manejando las complejidades e incertezas de lo real en un espacio en el que lo que somos y lo que quisiéramos ser conspiran dándonos una impresión temporal de estructura.

Seducción, persuasión, intensidad, mecanismos de atracción, el discurso que emitimos o con el que nos encontramos, los desplazamientos ideológicos que suelen producirse cuando esos discursos (post/comentarios) se mezclan, la calidad percibida u objetiva del material publicado, las formas de identificación afectiva, intelectual y social que éste suscita, la capacidad común de desarrollo, de expansión, de comunicación, el intercambio de opiniones, intereses y valores, las variantes racionales e irracionales del apego, el azar, las necesidades del autor y del lector, la eficacia del mensaje, la evolución que el blog (el yo) experimenta, el tráfico de símbolos, la vanidad, el grado y constancia de la retroalimentación, la diversidad de los mensajes circulantes, las dinámicas de comunidad y grupo –los blogs tienden a formar familias y a adoptar conductas endogámicas-, la desnaturalización del texto en cuanto el autor se siente observado o experimenta la necesidad de complacer a sus lectores, asuntos como la credibilidad, el prestigio y la reciprocidad, son algunos de los múltiples elementos que intervienen en este juego, porque se trata, al fin y al cabo, de un juego en el que muchos egos distintos compiten por la misma presa: la mirada del otro. Un juego en el que muchos egos distintos sueñan en la misma cama, su sueño particular.

En el ámbito de la realidad, lo que nos da sentido de autoestima es la constatación de un número de logros palpables en términos cuantificables de rendimiento, de productividad, de éxito. En lo virtual, la autorreferencia ocupa el lugar de esos logros, convirtiendo las carencias de autoestima en narcisismo o llevando al paroxismo el que ya padecemos.

En el blog, como en el amor y en la guerra, todo vale. Captar la atención del lector, sostenerla, incitarle a seguir leyendo, descubrir qué desea, convertirnos en su deseo, ofrecerle regalos y atenciones, provocarle, escandalizarle, decirle lo que quiere escuchar, desafiar abiertamente sus valores, llamarle por su nombre de pila, reconocerle para que a su vez nos reconozca, apelar a su razón, pero también a sus emociones, brindarle satisfacciones inmediatas, gratuitas, simples, que le hagan sentirse importante, inteligente o refrenden su pertenencia al grupo, incorporar sus comentarios como paratextos que enriquezcan nuestro discurso, que sirvan de marcadores de lectura y de prestigio para otros 'amantes' potenciales en un medio en el que la linealidad no existe, en el que todo distrae la atención y el ser está inmerso en un baile de máscaras. Escribir un blog es escribir ‘yo’ en un lugar lábil y cambiante. Es contemplar nuestro rostro en el agua, un día tras otro, intentando conseguir que esa imagen no se borre.

Cruzar el mar confundiendo al cielo (1 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (2 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (3 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (4 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (5 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (6 de 7)
Cruzar el mar confundiendo al cielo (7 de 7)

22 de abril de 2005
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