La tenaz voluntad de negar lo evidente se ha convertido en obra de arte. Sobre la ruina del duelo, bella, ha construído una catedral de cenizas que ni el viento se atreve a soplar. Son tus muslos los que abre, siempre sobre sábanas limpias, con cuidado de no entrar antes de tiempo, cada noche. Es tu beso el que borra de su rostro el estupor de los traicionados.