Ese fue el don: un tiempo de gracia concedido a las grietas del deseo. Banquete tantálico, buffet perverso ofrecido a los ojos, siempre más grandes que el cuajo. Dulce. Dulce y salvaje. Quién puede decir que no estuvimos ahí, que no fuimos, que no tuvimos nuestro momento. Parece una artista de los 50, de incógnito. Ojos claros, culo liso, cuenta monedas en la palma de la mano. Es tan generosa con las propinas…