Deberíamos asomarnos a todo, dijiste,
a las ventanas, a las puertas, a los abismos.
Qué terrible fracaso de la lujuria
el temor que acobarda:
a perder, a caer, a despedirse.
Me sé insondable y deseo
sentirte abrir sin piedad
las antaño hostiles
esclusas de mi cuerpo.
Te miro desde la nada que cultivaste
según los principios
de la pasión y la belleza,
reclamo la vida
dentro del culo
dentro del coño
de rodillas imaginando
tu verga floreciendo
en el hueco de mi boca.