Nunca debemos depender de lo que nos hace felices, dijiste. Tenías razón. El uso de cualquier droga (entre ellas, el otro) es intrínsecamente egoísta.
Ya que no somos, por las leyes que rigen la supervivencia, naturalmente generosos, podría decirse que el amor empieza cuando liberamos al otro de la obligación de gratificarnos para invitarle a compartir la mitad de la dosis de todo aquello que hemos conseguido (sin su ayuda) para satisfacer nuestro imperativo hedonista.