Querido Sr. Otis:
La costumbre sólo es espontánea en el momento de convertirse en otra costumbre. El vacío que no se llena de cosas frescas, se descompone, porque aunque se llame vacío, nunca lo está realmente. Ese es un cuento terrible que nos contaronlos de La Conspiración para tenernos bien agarrados. Como en ese anuncio de Golf que te dicen ‘crees que eres libre, pero para irte el fin de semana, tienes que tener ese coche que cuesta unas letras que pagas con trabajo de 9 a 5, 5 días a la semana…’
Costumbres, costumbres, reglas, planes, horarios, formas solapadas o descaradas de esclavitud.
Cuando la costumbre es muy larga, los conocidos se convierten en extraños y esa extrañeza se convierte en una espontánea enfermedad crónica. A veces se trata, simplemente, de la cronificación de la enfermedad feliz y romántica del comienzo.
Previsible es todo lo que no es creativo. La creatividad, para serlo, exige una cierta valentía. Ser creativo es lanzarse, dejar que gane a veces la locura, asumiendo el riesgo de que nada ni nadie te recoja en la caída.
El don de la risa es un riesgo.
Te dicen ‘No te rías así, pareces tonto o loco’.
Pero ese riesgo es el mayor afrodisíaco y probablemente el regalo más grande de amor que puede hacerse y como panacea, está sólo superficialmente investigada.
Para reírse de verdad hace falta que uno se sorprenda, que quiera y necesite dejarse sorprender, que se dé la suficiente intimidad (aunque sea fugaz e instantánea) como para que resulte cómplice. Cuando uno se ríe a solas de sí mismo, está haciéndose un fastuoso regalo de amor, está reconociéndose como interlocutor válido y no hay mejor amante que el que es capaz de sorprenderse a sí mismo o de tomarse a sí mismo a la ligera.
La risa es una buena forma de barrer la costumbre fuera de la casa.
Los monjes zen desarrollan una rutina matinal llamada soji. Nunca hacen nada sin antes barrer sus espacios de meditación, baldándolos con agua fría y bañándose ellos mismos en agua fría.
Eso simboliza muchas cosas. Hacerse nuevo y despertar.
La risa barre el polvo mental, lo aplaca y lo retira, dejando sitio para los pensamientos y sentimientos nuevos. Nos hace llorar, clarificando la vista. Nos hace recordar músculos olvidados. Hace que vivir deje de ser una pesada costumbre.
No sé por qué le digo todo esto.
Empiezo a pensar que el amor es ser uno nuevo cada mañana, para que el otro no tenga ocasión de acomodarse, para que uno no tenga ocasión de acomodarse, pensando que de entre todas las elecciones, el control, la comodidad, la seguridad, la previsibilidad, son las mejores posibles.
Esperando haber resuelto sus dudas, le saluda afectuosamente,
Elena Francis