Querido Otis,
Se trata de proceder a un momentáneo, voluntario y controlado ejercicio de desdoblamiento, en el que uno contemple su ego como si se tratase de un actor en una película.
El ego es la exigencia de que las cosas sean distintas a lo que están siendo, el miedo irracional que es, como un amigo me dijo al sacarme del agua, el molesto inquilino de la habitación del fondo. Observarle sin juicios durante un rato, puede llegar a ser tan divertido como ver una película de los hermanos Marx.
Pregunta cómo permanecer relajado y acto seguido, comenta su sospecha de que si renunciamos a las emociones, nos convertiremos en máquinas.
Yo le contesto con otra pregunta ¿De verdad quiere dejar de estar tenso? Siga los consejos que voy a darle o dé un paseo o dedíquese a las artes amatorias o autoamatorias, que va muy bien para destensarse, aunque el proceso exija que otras partes de usted se tensen, ya me entiende.
Si lo que le preocupa es covertirse en un autómata, piense en si no lo seremos ya y cuántas de estas reacciones de tensión son automáticas o impuestas por otros y si el verdadero acto de revolución y evolución no será prescindir de ellas haciendo uso del juego, de la risa, de la inteligencia para ahorrarnos el sofoco.
Los animales se tensan y se destensan sin hacerse preguntas: para protegerse, para cazar, para aparearse. No pierden el tiempo tensándose hasta que se vuelven domésticos.
Mire: el no poder es casi siempre un no querer.
El me hacen es casi siempre un me hago.
Leí en alguna parte una ley según la cual, si uno examina con detenimiento el problema, acaba descubriendo que está directamente implicado en él. Siempre tenemos elección.
Echarle la culpa a otros es fácil, en primera instancia, pero culpar o responsabilizar o creer que somos víctimas de las circunstancias y que no hemos intervenido de ninguna manera en lo que nos pasa, es CEDER FUERZA a algo externo que no podemos controlar, adoptando el estatus de víctimas. Sentirnos víctimas es entregarnos sin luchar a una mediocridad transitoria indigno de nosotros.
El problema no es otro que le modo en que vemos el problema.
Si el problema es la situación tensa, podemos olvidarnos de la tensión para analizarla como un problema corriente, sin pensar en qué medida la tensión ha sido creadoa por uno o por circunstancias externas.
a. Un problema es una pregunta. Se resuelve cuando encuentra una respuesta satisfactoria o cuando deja de interesarle encontrar una porque ha encontrado otra pregunta más interesante.
b. Un problema proporciona información. Reaccionar sin observar, nos impide recogerla.
c. En todo problema hay una relación causa-efecto. Es bastante útil, créame, pasar sin más pormenores a averiguar cuánto tenemos que ver con las causas, porque sólo podemos controlar de esas causas lo que está en nuestra mano, y angustiarse por no poder hacer nada, una vez que nos hemos asegurado de que, efectivamente, nada hay que podamos hacer, es una pérdida de tiempo.
d. Los seres humanos tendemos a simplificar o a complicar las cosas hasta que la reductio ad absurdum induce la carcajada. Colaborar con lo inevitable puede ser divertido. Llegar cuanto antes a esa reducción que hace ridícula la preocupación que estamos sintiendo. Reírse, querido Otis, acaba con muchos problemas de forma instantánea. Lo he comprobado.
e. Rara vez una percepción, una decisión, una acción, un pensamiento es mejor que otro, sólo conveniente o inconveniente a las circunstancias. La vida se complica mucho cuando ignoramos que está pensada para hacer valer sus equilibrios. A veces, un método de resolución de problemas eficaz en el pasado se convierte en una trampa mortal con el tiempo.
Los problemas son cambios tratando de producirse. Cambie, déjese cambiar y ya verá como las cosas mejoran. Déjese deshacer mientras se va construyendo. Haga sitio.
f. Según la ley de las proyecciones, lo que creemos que es un problema ajeno, siempre es nuestro.
g. El problema es un acertijo de creatividad. Si está tenso (sea o no causante de esa tensión), llame a un amigo que practique la risa como una religión o indúzcase una sonrisa de Duchenne mientras se da golpecitos en el pecho como un orangután. La sonrisa de Duchenne es aquella que hace asomar pequeñas arruguitas de expresión en la esquina de los ojos y las comisuras de la boca. La gente que las tiene de forma natural liga mucho porque tiene hábito de risa, porque es menos ‘estrecha’.
Al cabo de un minuto de sonrisa de Duchenne y golpecitos de Tarzán en el cuarto chakra, si sigue tenso, es porque usted quiere o porque se toma demasiado en serio a sí mismo. En cualquiera de los dos casos, el problema es completamente suyo y eso nos lleva a la cláusula h, quizás la única realmente fundamental.
h. La primera ley de resolución de problemas es dejar de causar el problema.
Sea zen, querido. Sea zen. Coja la experiencia, transfórmela o ignórela.
Y si lo que quiere es angustiarse, sea un artista, búsquele la vuelta para que su angustia sea única entre todas las angustias.
Escape del montón.
Esperando haberle convencido, se despide afectuosamente hasta otra,
Elena Francis