Avivar el ingenio.
Salvar lo más útil, sobre todo, abrigo, herramientas y alimentos.
Aprender a valorar las decisiones potencialmente más correctas
Proteger las provisiones rescatadas de la intemperie hasta disponer de un refugio menos transitorio.
Confeccionar ese refugio con las condiciones indispensables de sanidad: agua fresca, resguardo del sol y recaudo de criaturas hambrientas, hombres o animales.
Vistas al mar y a la llegada de algún posible barco.
Orientación geográfica por la observación del cielo.
Familiarizarse con una unidad estándar de medida.
Empalizada de estacas como medida de protección ante las inclemencias climatológicas y otros peligros.
Confección de una bodega para pólvora y perecederos.
Llevar un diario para administrar adecuadamente los recursos disponibles, conservando la cordura y el sentido del tiempo.
Confeccionar una lista de desgracias contrastándolas con sus respectivas bendiciones.
Hacer fuego y alimentarlo regularmente.
Observar para las semillas las estaciones propicias de cultivo.
Simplificar las tareas y practicar la gratitud.
Mantener las manos ocupadas para la salud de la mente.
Iniciarse en la hechura de recipientes de barro.
Confeccionar un mortero de piedra para moler la semilla.
Aprender a manejar las frustraciones y el miedo infundado.
Reconocer el valor de lo que puede ser útil.
Reconocer la gracia en la desventura.
No censurarse los estropicios lastimosos de la sastrería y marroquinería, así como otras experiencias de prueba y error.
Cavar un canal para el drenaje y recolección de la lluvia.
Enseñar a hablar a un loro.
Iniciarse en la cestería, el tejido de redes, la carpintería, la disposición de trampas y cercados.
No permanecer nunca ocioso.
No sacar conclusiones precipitadas y etnológicamente prejuiciosas ante un festín caníbal.
Tomar las adecuadas precauciones, pero sin adoptar posturas belicosas que pudieran excitar reacciones de defensa por parte de los aborígenes.
Pasar por el filtro de la ética y la reflexión el propio terror a ser devorado por un congénere y considerar su eventual evangelización.
Entender la salvación de un hombre como ruina del otro en virtud de los misterios de la Providencia.
Reconocer a tiempo el deseo natural de compañía humana.
Tomar nota de los sucesos de feliz recordación.
Valorar los intentos de Viernes de civilizarse, tratándole como al mozo morisco Xury, con los mismos derechos que a cualquier otro ser humano, alejándole del macabrismo y la brutalidad de sus costumbres.
Destilar de 30 años la paciencia, la independencia, la soberanía, el sentido creativo y el sentido común que el progreso de la vida moderna ha desvirtuado hasta hacernos perder la conciencia de lo verdaderamente importante: si no se ha perdido la vida, nada está realmente perdido y el éxito de cualquier empresa depende de nuestra voluntad, esfuerzo y decisiones.