Lo difícil es pensar en qué pensar para poder escribir que no se sabe qué escribir. La mente, o el ingenio, es el peor enemigo de sí mismo. O misma. Es un crítico nada constructivo que esgrime una lupa enorme, tras la que observa atentamente las más mínimas imperfecciones. Luego saca una foto de éstas, pero con la lupa delante, magnificadas hasta el absurdo. Paradójicamente, no asocia ese absurdo a la obra, sino que lo desplaza a su autor.