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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura
He aquí la verdadera paradoja: a escala cósmica la duración de nuestras vidas es insignificante, y sin embargo ese breve lapso de tiempo en que aparecemos en la escena del mundo es el lugar mismo de donde sale toda cuestión importante'.
Paul Ricoeur

Los individuos tienen recuerdos, las colectividades historia. Nuestro nombre propio hace equilibrismos entre el olvido, la historia y la memoria. Ese momento en que tú te conviertes en nosotros, en que pasas de ser tú a ser tú más otro, la memoria se hace historia de ambos, tuya, mía. Historia y memoria se funden, sólo si quiero, si quieres, si bajamos la guardia, si decimos verdad, en conversación fructífera. El testimonio particular a la luz de lo que carece de otra identidad que no sea la común.

La memoria es guardiana de lo que fuimos, dijiste. Es importante lo que se recuerda, quién lo recuerda, cómo se recuerda. La memoria deviene en anexo de la gloriosa imaginación si esta última se libera del servicio al pasado, si el recuerdo se cura de patología: la memoria impedida, obligada, manipulada, fragmentaria, bulímica. Si el recuerdo se pone al servicio de la búsqueda, de la aventura, de la identidad móvil, evolutiva, que sólo se aferra a lo que le da cohesión, pero cambiando de piel cada tanto, como las serpientes. De ese modo la vida se convierte en celebración, en mediación constante entre posiciones antagónicas, apertura, afirmación, más que cancelación y muerte. Una continuidad sujeta a excitantes discontinuidades. Un viaje en la curiosidad.

Si quieres que el tiempo sea tu aliado, cuenta tu historia. Vive tu mito. El tiempo sólo adopta forma humana cuando se articula de forma narrativa. El mundo nos es narrado. Nuestro nombre es lo único que realmente poseemos.. Todo lo demás nos hace a un lugar común, a una memoria común. La capacidad de diálogo, la posibilidad de hacer, la circunstancia de padecer que interpretamos y convertimos en cuento, para enseñarla a nuestros hijos, que a su vez aprenden a ser contando el cuento que les contamos. La memoria y el acto de narrar son el testigo. Explica tu vida. Narrar es explicar. Lee tu vida para descubrir quién eres, quién has sido. Cuando estés listo para morir, perdona, sonríe satisfecho, descansa, embárcate en el olvido sin billete de vuelta.

Á bientôt, Paul Ricoeur.
Merci.

24 de mayo de 2005
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