Conrad perdió la cabeza por una aventurera vasca llamada Rita de Lastaola. Fue un amor loco, obsesivo, que le empujó a seguirla en una peligrosa empresa de contrabando de armas para los carlistas. Como todo amor contrariado terminó mal, y Conrad, que tenía mala suerte para todo, intentó quitarse la vida con poco éxito. La herida en el pecho tardó seis meses en curar; se reportaron dos septicemias que superó por los pelos, entre los constantes delirios que le provocó la fiebre.