Linus, el personaje de “Peanuts”, simboliza algo muy común entre los que somos animales de costumbres: la protección que nos brindan las pequeñas cosas.
La frazadita de Linus le proporciona sobre todo una sensación de seguridad, y sus escasos momentos de estrés son cuando se separa de ella.
Los animales de costumbres encontramos esa protección dentro de las cosas más ínfimas – íntimas.
Objetos o actitudes que apartados de su contexto se vuelven inertes y vacíos de significado, pero que dentro de él llegan a antojarse imprescindibles.
Por ponerme a mí mismo como ejemplo (¿quién me va a conocer mejor que yo?), tengo incluso un método en escribir compulsivamente: me acerco a determinada cafetería, a determinada hora de la tarde, saco de la mochila libreta y pluma (Parker, naturalmente) y pido un té de loto.
Tenga o no tenga base científica, lo cierto es que ese té me estimula la neurona y suelta a la mano que guía la pluma.
Independientemente de la calidad de lo escrito, la gran verdad es que, en esos momentos, sale mucho más visceral que cuando escribo “en frío” y sin el método.
Pero, eso sí, tiene que ser ese bar, tiene que ser por la tarde, y tiene que ser ese té. Es más, no pido ni tomo té de loto en ninguna otra parte, ni siquiera lo compro yo mismo para poder prepararlo en casa.
Hoy no tenían té de loto, así que lo pedí de jazmín.
No pasa de ser un sustituto, aunque también esté delicioso.
Me siento desnudo frente a la pluma sin el té de loto.
Me falta un trozo de la frazadita.