Según han deducido Ed Rayner y Ron Stapley, reputados historiadores, el épico final de Lord Nelson, en el que -en un postrer susurro- le dice a su capitán Kismet, Hardy ('el destino, Hardy'), pudo ser bien distinto: Kiss me, Hardy. La cuestión es dónde deja esto a Frances Nesbit y a Lady Hamilton, con quienes mantuvo una ardiente correspondencia erótica que no hace mucho batió todas las marcas en una subasta de Sothebys. Récord que, por cierto, pulverizó hace unos días una misiva de Joyce en la que se da rienda suelta a lo escatológico. Suelta muy literaria, eso sí.