El talento es puta amable, y caprichosa. La transpiración lo incita, y las noches en vela, la risa, el desboque cotidiano. Cobra su soldada en horas de magín en blanco y emociones presas en papel arrugado, mima al terco sin ser amante fiel: promiscuo como una barra de bar, se esparce -parece- sin sentido, y así fecunda, por sudor o suerte, entrelíneas, a su igualitaria grey. 'Estaba allí, en la calle, al aire libre, al viento imperio', y soplan acantilados en las grapas del playboy hispano; alguien dice: 'hoy hay garrafas de viento', y, sobre unas tetas oceánicas, los marinos lujurian huracanes, maman barricas de grog y sueñan una costa siempre dulce y lejana. 'Es un reloj de acero inexorable', sentencia la voz de España: los días enviudan entonces y crujen sin celo sus tiernos engranajes, y esa máquina -que de nada entiende-, como una condena en la mano, nunca más de nadie se apiada.
Lo que se dice es también la boca que habla. Como el magma, de ella surge; como el agua se escurre; bestia sin amo, amante cruel, sabio sin alianzas.