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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

A Darko Bandic no le tembló el pulso al enfocar el cuerpo de la desconocida tuzla.

Demasiado horror quema la retina, hace espesa la furia en el torrente sanguíneo, todo es lento, hondo, triste. No se sabe qué empujó a Ferida Osmanovic a colgarse de un árbol en un bosque cercano a la base de las Naciones Unidas. Las tropas serbo-bosnias fueron cerrando el nudo corredizo. Quizá no se perdonó haber animado a su hombre -a quien quería con pasión, como a un amante-, a sumarse al batallón holandés de Potocari, intentando librarle de la muerte que al final le encañonó sin que las fuerzas internacionales hicieran nada por evitarlo. Él es uno de los cuerpos anónimos de las fosas comunes del genocidio que siguen abriéndose todavía.

La rebeca roja de Ferida, el vestido blanco de Ferida, los muslos de muchacha de Ferida, el cinturón y el chal trenzados entre el verde luminoso del follaje. Quizá fue violada y no se supo. Quizá fue incapaz de soportar ese asco con que la guerra y el abuso van manchando la mente hasta dejar en escombro hasta el último recuerdo feliz. Sus hijos siguen buscando al hombre que amó, para enterrarles juntos, mientras se reponen del rencor de los abandonados e intentan acotar la pesadilla, en Srebrenica, diez años después.

12 de julio de 2005
como recupero yo al hombre que amo si esta casado y no quiere a su esposa
Haciéndote una vida propia, Paola, empezando a mirar más allá de tu ombligo y haciendo preguntas (más) adecuadas en lugares (más) adecuados.
Tu dolor no es la guerra de Yugoslavia.
Pasará. Todo pasa. A quien tienes que soportar es a ti misma.
Suerte.
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