Ciertos lenguajes se aprenden sólo por amor, signo a signo, con método autodidacta. Fue el caso del portugués para Francisco Cervantes Vidal, poeta mexicano, traductor de Pessoa, Alvaro de Campos, Eça de Queiróz y Jorge de Andrade.
En su última voluntad dispuso que las cenizas de su cuerpo fueran arrojadas al Tajo tras una vigilia nocturna junto al túmulo de Pessoa. Así se hizo, el 8 de este mes. Una corbeta de la Marina portuguesa se detuvo entre el Monumento a los Descubrimientos y la Torre de Belém para dar de beber al viento los saldos de una larga pasión.