La ginoide debía ser de tamaño natural y aspecto caucásico: rubia, de ojos azules, pechos abundantes, ombligo marcado, entre 1.68 y 1.80 de estatura, labios suculentos, miembros articulados, vulva y vagina realistas, y piel agradable al tacto. Se produciría a gran escala en una fábrica de Dresde, a partir de caucho galvanizado; debería demostrar solidez y vigor, ya que iba a enfrentarse a los rigores del frente y al ímpetu viril de las tropas a cuyos soldados se administraba una dosis regular de anfetamina líquida.
La idea fue del mismo Fuhrer, preocupado por la pureza de la raza y las enfermedades venéreas contagiadas por las 'sucias putas de los países ocupados'.
Es conocido el hecho de que una prostituta judía contagió a Hitler la sífilis en sus años jóvenes. Quién sabe si el Holocausto no fue producto de una mala mezcla entre las palizas de su padre, la visita forzosa a Freud a una edad temprana y aquel ayuntamiento poco afortunado. Teniendo esto en cuenta, resulta creíble su desvelo por las condiciones higiénicas de la milicia, encomendando el proyecto a Himmler, por considerar el tema moralmente delicado. Se trataba de conseguir un modelo de chochona (die sex puppen) que procurara bastante satisfacción, pero no fuese en detrimento del interés por la mujer alemana honorable (kinder, kuche, kirche: niños, cocina, iglesia).
La muñeca vendría adecuadamente envasada, con su abrelatas, su manual de instrucciones y los adminículos de higiene 'post-coital'.
Al bromuro no podía recurrirse, por sus efectos depresores. No les colocaban de Pervitina hasta las cejas para que el brío batallador se les apagara junto con la libido, de modo que, a instancias de un departamento del Reichstag, creado a los efectos, el Doctor Joachim Mrurgowsky, del Instituto de Higiene, contactó con el doctor Oleg Hannussen, para que le orientase en el diseño del primer prototipo. Corría el año 1941.
El Proyecto Borghild -de alto secreto- se puso en marcha con entusiamo. Numerosas atletas alemanas pasaron por el despacho de Mrugowsky a tomarse las medidas, no satisfaciéndole ninguna. Demasiado macizas, demasiado pesadas, demasiado compactas. Él tenía en mente a una nórdica. Los moldes de bronce para la galvanoplástica autómata del sexo estaban listos, pero los rostros diseñados parecían soportes de pelucas, lo cual, a su modo de ver, constituía un grave problema, ya que el éxito dependía de 'una expresión claramente lujuriosa' en los rasgos y de la elasticidad ilimitada de los miembros. El 'órgano de penetración' no les quitaba el sueño, en ese terreno habían avanzado mucho y tenían las ideas claras.
Escultores, peluqueros, expertos en elastolina, psicólogos y médicos trabajaban a destajo en la sex maschinen, bajo la atenta supervisión de Himmler y por supuesto, del Fuhrer, pero justo cuando el primer prototipo estaba siendo perfeccionado, una bomba aliada destruyó la fábrica de Dresde y puso fin al proyecto Borghild.
Ahora dicen que la noticia del primer juguete sexual inventado por los nazis para fabricarse en serie puede ser un fraude publicado por el tabloide Bild, sostenido durante algunas semanas por la aparente verosimilitud de contenido.
Curiosamente, no son los detalles de la muñeca y su creación, los que primero invitan a la duda, sino el nombre del asesor sueco. Hubiera sido demasiada coincidencia que Hitler contara con dos asesores con el mismo apellido. Poco antes de todo el asunto de la muñeca inflable había mandado liquidar a su espritista de cabecera, Erik Jan Hannussen. En cualquier caso, el ingenio tecnológico de los alemanes en los tiempos de la Segunda Guerra es legendario, aunque sirviera mayormente al genocidio y a la demencia.