el florido byteTOP 100 WEBLOGS .
edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Texto comunero sobre una imagen: comentarios en una exposición.

El florido byte 21. El verano era indulgencia, plantas de los pies pulidas por la arena y por el cemento ardiente del malecón. Ir de piedra en piedra, ir levantando estatura a base de mear en los bordes, como prestándole al mar sustancia de la vida. Suplicarle a Barbo que nos dejara subir a sus botes, jugar a capitanes, tirar la caña desde el privilegio, bocana de puerto y luz decadente, como en una estampa de Sorolla al fin borrada por el fresco de octubre. Un viaje traqueteado y melancólico de regreso a la ciudad, donde todo nos iba más estrecho, donde el pan con aceite y leche merengada daba paso a las tostadas de bollo de la esquina. Qué mejorarán con el mejorador que le echan, que sabe gomoso y pasado. Gané hasta el 67 todos los concursos de lapo a distancia y el Barbo una vez me dejó remar a mí solo.

2. A menudo, casi a diario, me acuerdo de ella. Unas veces son recuerdos antiguos pero la mayoría son recientes, los últimos.
Su actitud cuando hacían el amor, nunca se había mostrado tan activa, la noche anterior también fue igual y la de antes de ayer ¿Desde cuando no hacían el amor tres días seguidos? ¿O al menos dos?
Aunque no solo era el sexo; GLORIA nunca había sido muy melosa pero tampoco se podría decir que fuese arisca, no, era normal. Pero es que últimamente se mostraba especialmente cariñosa, en casa elegía siempre un lado en el sofá para sentarse junto a él, muy juntita. Y en la calle, cuando paseaban, le cogía de la mano ¿Desde cuando no hacían algo así?
Solo al principio, cuando se conocieron, al principio y al final.

3. Era un mundo de manchas. Chocolate tras la misa, mocos en el cristal de las pastelerías, el dedo de Inés -mojado en su saliva- dibujando una línea sobre mi boca... Manchas para ver el mundo, un ojo de recortables... cojollage... tijeras rencas... para cortar los cabos; decía Inés: '¿sabes por qué le dicen 'muerto' a la boya donde amarras el bote?', 'no', respondía yo, 'porque en el fondo del puerto están enterrados los marineros que no devuelve la mar, y a sus cajas fijan esas estachas'. Su dedo con saliva, sus ojos crueles en la punta de la bocana... boca... ano... entra y sale... 'Tu tío Bombillas está ahí, donde fondea el Calimocho', y señalaba con ese mismo dedo la barca del cura al que, por una razón que entonces no comprendía, pusieron ese mote que a mí me sonaba siempre a cosa de buitres, a desconchón de cal, a pena grande, y en nada tenía ligado entonces a su uso de vaso fresco, de espumoso pobre, de aquel bebedizo que, en la puerta del pañol de velas, en esa sombra sin olas donde -entre risotadas y salpicones de extranjeras- Mariano y Linternas dejaban pasar su vida, los marineros como mi padre bebían olvidados de aquellas tumbas con cruces romas y amarillas.

22 de julio de 2005
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