En la red estamos expuestos, sometidos al accidente. Accedemos a la red atraídos por la idea de accidente. En la red recogemos pequeños souvenirs, que nos sirven de migas de pan en sentido inverso, para poder salir del laberinto que (todavía) no hemos decidido habitar del todo.
¿Y si las cosas nos hablaran, nos reflejaran, nos eligieran, nos olvidaran? ¿Y si esta sucesión de accidentes fuera nuestro primer encuentro con la verdadera soledad, con una memoria que ha dejado ya de ser privada?