el florido byteTOP 100 WEBLOGS .
edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

La verdad es la entraña de cualquier novela policíaca y la curiosidad el motor que empuja a sus personajes a perseguirla y a revelarla. De ese modo, más allá de cualquier coartada, la maldad queda al desnudo, exhibiendo sus entresijos y es eso, precisamente, lo que tanto nos atrae. La idea de que un crimen sea resuelto, y de que la justicia triunfe sobre la sombra de nuestros propios secretos, nos libera de una misteriosa carga interior. La trama de una novela engancha cuanto más familiar nos resulta. Vivimos en sus personajes, a través de sus pasiones, obsesiones, perversiones, miedos y motivos. En el caso de la novela de crimen y misterio, se da un añadido más morboso aún: los sentimientos, emociones y deseos ganan un pulso a los límites éticos y morales. El personaje se siente legitimado a terminar con la vida de otra persona, en nombre del amor, de la pasión, del poder, de lo que en definitiva considera suyo. Pierde los escrúpulos dejando en el aire la pregunta ¿qué haríamos nosotros de estar en sus zapatos?

Ahora resulta que Sir Arthur Conan Doyle hizo de su íntimo amigo Bertram Fletcher Robinson su negro literario para después matarle, llevándose toda la gloria de ‘El perro de los Baskerville’. También se llevó a su mujer a la cama, instigándola al parricidio. Gladys fue quien le llenó a su marido las gachas de láudano hasta los bordes, bajo el asesoramiento de Conan Doyle, experto en narcóticos -no conviene olvidar que Holmes era un yonki de manual. El final del desdichado Robinson se achacó a las fiebres tifoideas.

No convenía que trascendiera que eran amantes, ni tampoco que el escritor, tras matar a Holmes en unas cataratas suizas, atravesaba por una época de esterilidad literaria. Todo fue fríamente calculado, como en sus tramas más perfectas.

Pero no contaron con Rodger Garrick-Steele, ex psicólogo metido a detective. A base de un empeño digno de uno de sus personajes, ha conseguido que se exhumen los restos del presunto asesinado, en base a pruebas más que circunstanciales que convertirían al célebre autor en un criminal, infiel y plagiario, sin traza alguna en su carácter de esas virtudes que, gracias al método científico de Holmes, quedaban a salvo de la perversión humana al final de cada libro. ‘El azar es el último homicida’ escribió Bolaño. Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

4 de septiembre de 2005
Si es que es verdad que el escritor acaba escribiendo sobre sí mismo. Y Holmes/Doyle era un genio (tramposo, pero un genio), y también un crápula, un yonqui, un chuleta, un cínico… ¿será que Billy Wilder ya conocía la historia de Robinson?
comenta

'nombre', 'correo' y 'comentario' son campos requeridos.

nombre

correo

página web