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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Yo creía que estaba así por los simulacros de incendio y la norma de desinfección. Por las noches sacaba saliva con sangre y como soy un poco hipocondríaca… A quién se le ocurre levantar un colegio encima de un dragado. Después pasa lo que pasa, cucarachas que tendría que verlas. Cucarachones, no cucarachas. Igual es cierto que con los desastres ecológicos empiezan a nacer bichos mutantes. Al final supe que no, que era por lo de mi ex. Un día me persiguió con el todoterreno por el carril más peligroso de la autopista, me iba dando golpes, tengo un coche muy pequeño y conducir me pone nerviosa, imagínese. Ocho veces me examiné para el carnet, de lo nerviosa que soy. Era como una película, creí que me iba a matar o que me iba a estrellar. No me mató, pero casi termino en urgencias con una taquicardia que parecía que se me iba a salir el corazón por la boca. En urgencias todos me conocen ya por mi nombre. ‘Hola, Carmen’ me dicen ‘a ver qué te pasa hoy’. Son atentos conmigo. Veo Hospital Central porque son como de mi familia, casi. Con eso se lo digo todo. Después mi ex empezó con las serenatas en el portal llamándome puta, frígida, estrecha y cosas peores. Pude y pude y pude con todo hasta que no pude más. Una mañana me vi dando brincos de un metro sobre la silla, con el borrador en la mano, me sudaban las manos, se me hizo como un grumo de tiza. Laura, que tiene sólo seis años, intentaba tranquilizarme: ‘Ya pasó, señorita, ya la maté, está muerta, hizo crac, que yo lo oí’. No aguanto a las cucarachas. Lo de las cucarachas me pone enferma. Se ve que uno desvía sus problemas a cosas raras. La psicóloga dice que la fobia a las cucarachas tiene que ver con el… bueno, con… con el sexo, por decirlo de alguna forma.

Ahora todo es sexo, sexo, sexo. Me gustaba más trabajar en parvulitos, desde que estoy en primero y segundo oigo a los niños decir cada barbaridad… Claro, si se quedan viendo crónicas marcianas es normal que las digan…

Por ahora sólo me atrevo a coger el frasco de los bichos. Después, cuando esté mejor, con unos guantes intentaré tocar uno. Una vez vi un documental en el que se veía a gente comiendo tortillas de insectos. Devolví y desde entonces no me puedo sacar la tortilla de la cabeza, me acuerdo de los bichos cada vez que bato huevos.

Hay que ver lo que ayudan las pastillas con estas cosas. De la noche a la mañana es como si fuera otra persona. ¿No estaré hablando mucho, verdad? ¿Vamos mal de tiempo? Bueno, lo que quería decir es que ahora estoy francamente mejor. La psicóloga dice que parte de mis problemas vienen de un trauma de un profesor de magisterio que me dijo que con las pocas luces que tengo más me valía ser más cariñosa. Que arrastro un déficit. Un hombre mayor. Me tocó. Ahora eso sería acoso. Qué asco, yo venía de un pueblito, me bañaba en camisón. La psicóloga me anima mucho, quiere que me asome a la ventana y en vez de gritarle a mi ex: ‘Mira que me tiro’, diga cosas como ‘Cabrón tú, impotente tú’. Perdone por las palabras sucias, ya sé que a esta hora hay niños viendo la tele.

8 de septiembre de 2005
Tras un sueño agitado, el lector despertó convertido en una enorme cucaracha. Fue víctima de los rigores del prime-time y de la zoofilia.
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