No barras la suerte de la novia. No cruces más allá del cristal. No olvides dar cuerda al reloj de tu padre. Cómprale condones a tu hijo. Asegura que esa chica no es un hombre. Si alguien te pregunta por el que fuiste, responde que nunca estuviste allí. Cuando llegues a casa, no olvides contarle a tu mujer las cosas de tus pacientes, no sea que por curiosidad te visite en el despacho. Que los otros empleados del servicio de limpieza nunca te vean leer a escondidas.