Reconocerás que en una superproducción de este calibre no se pueden tener controlados todos los pequeños detalles, siempre hay alguno que se te escapa. ¿Cómo íbamos a imaginar que el rostro de Ulla contemplando la danza zulú de boda, con los pechos ceñidos bajo la chaquetilla y rodeada de negras semidesnudas iba a causarle al especialista semejante reacción? ¿Consiguió de la señorita Jackobsson lo que pretendía? Y lo más importante ¿Has resuelto ya el asunto de los hipopótamos? Michael Caine está que muerde.