Ríndete al placer, ríndete al instante. Ríndete a los lentos y dulces rigores de mi lengua recorriendo las comisuras de tu boca, a mi beso en tus tobillos, a la anticipación feliz de cada movimiento. Ríndete a los labios recorriendo el contorno del lóbulo de la oreja, a la yema de los dedos apuntalando verticales el dorso de tu verga. Ríndete a los gemidos, a los susurros, al espacio húmedo que ensancha, para tu goce, la noche pasajera y desnuda.