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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Cómo fue. No me lo pregunte. En el cine estábamos solos. El falso terciopelo de las butacas destacaba su piel de leche bajo la luz del proyector. No sé qué fue, exactamente. Su perfume ebrio, tal vez, o sus pezones de púa bajo la tela prieta. No llevaba sostén. Me giré, besé su hombro, abrí la blusa rasgando, saltaron los botones, se desparramaron sus pechos, liberados para mí, corriendo de sobra por las comisuras de los labios, chupé y chupé, me puse de rodillas, separé sus muslos, el pasillo era estrecho, se encaramó a horcajadas sobre la parte abatible, como una salvaje, jadeó, sus gemidos propagaron la llama, no me importaron las voces ni el movimiento nervioso de las linternas, creo que a ella tampoco.

Nos arrastramos hacia las escaleras, nos arrancamos el resto de la ropa, fraguando el apareamiento, llamaron al guarda de seguridad del centro comercial, que tiraba de mi camisa mientras yo enterraba la lengua con más ahínco aún, me faltaba el aire, en el forcejeo los dientes se enterraron en la carne blanda, creí que se había venido, quién puede distinguir la música del dolor en un momento así, con la otra mano hacía bailar la verga levantando las caderas, apoyándome en un codo. El chorro salpicó mi cara y su nácar y al guardia que intentaba separarnos, se mezcló con la sangre, se escurrió por la hendidura de sus nalgas, entonces caí en blando, quién puede distinguir carne de tierra húmeda cuando no se está en el cine, en ella, en el pasillo que enfrenta los dos ejércitos de butacas, quién puede resistirse a esa visión. Mis incisivos en su monte de venus, mis manos amasando sus pechos, descargando frenesí por inercia, como el movimiento de las gallinas decapitadas. Pero cómo está ella. Bien, no quiso que se le extirparan las pruebas del delito. Pero qué delito. El suyo: por eso estoy aquí. Pero pensé que ya no existía el cargo de escándalo público. Pues se ve que para usted existe. Y resistencia a la autoridad. Pero era un guardia jurado. ¿Y ella? ¿Ella cómo está? Algunos puntos de sutura. ¿Cuántos? Seis. No tengo tiempo, como comprenderá, para pruebas circunstanciales. Sólo puedo decirle que preguntó por usted. Estaba preocupada. Guardó sus dientes. Parece que se armó una buena cuando en la sala de urgencias intentaron tirarlos al cubo de los residuos biológicos, como si fueran piernas de amputados o algo así, yo la comprendo, no piense que no, ya sabe lo que pasa con esas cosas, se cuenta cada historia que le entran ganas a uno de incinerarse. El guardia le ha demandado por lesiones. Ahora mismo lo que nos interesa más es lo de la fianza. Aquí pone que usted iba armado y que el arma no tenía licencia. Aquí pone que usted llevaba sustancias no autorizadas en el bolsillo. Supera la cantidad establecida para consumo propio. ¿Qué arma? ¿Qué sustancias? Usted sabrá, a mí qué me cuenta. ¿Pero qué hará ella con los dientes? Aquí no pone nada. Los fetiches de ella no vienen al caso. Mire, haga lo que quiera. Si quiere mi consejo, declárese culpable. Se va a casa, se ducha, cena, y mañana pide cita con el dentista. Tiene mala cara. Ya veremos qué se nos ocurre antes de la vista criminal. Lo tiene un poco crudo, no quiero engañarle. No estaban solos, había niños en la sala. ¿Cómo que niños? Pues sí. Estaban ustedes en la sala de Charlie y la fábrica de chocolate. Eso no es posible. Sí es. No. Sí. Se habrán confundido ustedes de sala. Rece para que no se le impute un cargo tan grave. Lo tiene muy crudo. Aunque ella no le denuncie, ya sólo por las lesiones el jurado la percibirá como víctima. Las dudas razonables son de doble filo. Posible agresión sexual, pedofilia, tenencia ilícita de armas y sustancias prohibidas, resistencia a la autoridad. Completito. Así que hágame caso. Declárese culpable, váyase a su casa, péguese una ducha, duerma un poco. Mañana pensará con más claridad. Y vaya al dentista. No querrá presentarse así a juicio. Más le vale ofrecer buena imagen, sobre todo por lo de sus antecedentes. ¿Qué antecedentes? Sus antecedentes, hombre, no se haga el longui. No le conviene en absoluto. ¿Entonces qué? ¿Culpable?

20 de septiembre de 2005
Siempre interesantisimas historias, tambien algo comicas.
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