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el florido byte: literatura
el florido byteTOP 100 WEBLOGS .
edición nimage : 22 : 07 : 2006

4. Nomina sunt consequentia rerum

Me abraza en el umbral. Desnuda, vestido. Un saxo suena tras la sábana que separa dos habitaciones, clavada por sus extremos con chinchetas. Una vieja tose. Borbotea la caldosa en un puchero deforme, el aire del mar extingue dulzores transpirados, una niña chupa caña virgen con la mirada morosa. Ven mi amor, el saxo me busca entre las ingles, sus manos aflojan la correa.

Ven mi amor, su fulgor me abarca, la vieja pregunta ¿frío ya los plátanos? La niña, vestidito rojo, camisa blanca-jabón de pan, la niña trencitas aceitadas de coco me mira con ojos isleños, mientras me dejo ir en el turbión abismo de su madre.

1. Huesos en la confluencia

Vuelven, como cada año a esa playa. Vuelven como los elefantes a los puntos de la tierra en que se ven obligados a abandonar a sus caídos. Vuelven para remover la arena, para hozarla un rato, para derramar lágrimas secas, para mirar el mar, por fin, antes de partir a otro regreso. Quedan huellas de camino, como si todas las travesías fueran circulares.

2. Regarder l’Antropologue

Equipan a la deidad durante dos noches consecutivas, entre salmodias e invocaciones. Las impuras le mojan los labios con sus flujos menstruales, las viejas se arrancan los últimos vellos púbicos y los esconden entre sus cabellos. Después hacen vaticinios volcando un saquito de caracoles vivos sobre su vientre cubierto con un paño ritual. Al alba del tercer día, los hombres suben con él a una chalupa. Al cabo de dos semanas, una marea escupe, con trueno y relámpago, el cuerpo desnudo del ídolo. Las cosechas son buenas, las lluvias justas, los cerdos gruñen cebados en las cabañas, los tifones pasan de largo. De los hombres nunca vuelve a tenerse noticia, pero nadie hace preguntas.

Lo que duele es siempre miedo al dolor, estamos hechos de dolor. ¿De dónde procede esta penuria de imaginar la penuria de otros? ¿De dónde la vergüenza insoportable al contemplar su dolor? El peso de los secretos colapsa las estructuras: el dolor es meramente un asunto sexual.

Escucho a Ewa Demarczyk temblando como una hoja.

Las pilas de comics—D’Artagnan, Intervalo, El Tony—la voz de Amália, las jarcias de barco encerándose entre sus dedos. Los veinte mil libros, los cuadernos, los recortes de Epoca, las fotos, las uñas mordidas hasta la cutícula, ese barrito exactamente igual al tuyo, en la quijada. El despiojamiento de los monos. Las brasas en el fuego, la nieve. Se está poniendo tetorona, tiene las gambas de su abuela. ¿De verdad te gustan mis muslos? No dejo de temblar. Escondía mis pechos. Me escondía. Me odiaba a mí misma porque todos sufrían. Comía para tapar el vacío. Hubiera hecho cualquier cosa por consolarles. Eran inconsolables. En su rostro, sin embargo, se había posado, como un raro insecto, la calma de lo impasible. Intenté curarles con las mejores notas, llené sacos de dibujos que después ardieron en un camino de grava. No fui capaz de consolar a mi padre. No fui capaz de salvar a mi madre de la carroña de las visitas. No puedo dar carne ya dada. No puedo amar más que a quien es mi límite. Estoy en la extenuación. Soy la más inútil de las almas del mundo, un texto de levedad, demasiado visible. Sólo tú no me has dolido.

Un único anhelo de mi corazón ha encontrado nitidez absoluta en relación a las distorsiones del fondo. Es éste, entre todos los
viajes, el que medirá el resto. Ya podemos cerrar los ojos, dar el
salto de doble riesgo a la nada cumplida, al don del aún en el borde ascua de los labios. Ven dentro, habita la extensa profundidad señalada por tu carne en mis límites. Cálido, sencillo hasta el silencio. No te muevas. Respira.

Nunca supimos por qué se empeñaba en reducir ‘Nadja’ a esas tres letras que nada tenían que ver con su nombre. Kai parecía salida de la canción de Moustaki. Nadja, Nadezja. Entonces las dos vías de fierro aún llegaban al mar cruzando las dunas, dando la inquietante impresión de que un mercancías iba a lanzarse al mar con toda su carga. Esa es la clase de preguntas que no acabas de formular del todo y por eso mismo jamás se te responden. Era rubia, como todas las guiris, rubia-rubia, convencida, se había cortado el pelo tan corto que de atrás podía confundírsela con un chico. Pecho de tabla, vientre de tabla, culo de tabla. Un gigantesco lunar en la nalga izquierda, nacarina. Estábamos locos por ella. Todos: las chicas también. Aquel verano no fue de amores fugaces, sino más bien una orgía meticulosa y permanente, todos con todos y todos con ella.

Papá instaló un columpio de neumático, con permiso del dueño del camping al que los demás niños, como moscardones, le agobiaban su siesta a la sombra. Él mismo aportó los materiales.

Mis amigas y yo hemos estado recordando nuestros primeros placeres: el mío fue aquel año, en uno de los vuelos de columpio. Acababa de cumplir los siete.

Recuerdo mi voz con claridad, más, más, más alto, más, más, más. Las piernas abiertas, rasgando el aire. Vi a Dios entre las copas de los árboles. Una vez en el suelo, a gatas podía sostenerme.

La Coctelera: Ciberescrituras – Más sobre cómo se escribe: Manuel Vásquez Montalbán: citando a Manuel Vásquez Montalbán: ‘Es como la morrena de un glaciar, que va acumulando material, llega un momento en que éste busca una salida y aparece una corriente. Yo creo que el proceso de creación es ése’.

Ese fue el don: un tiempo de gracia concedido a las grietas del deseo. Banquete tantálico, buffet perverso ofrecido a los ojos, siempre más grandes que el cuajo. Dulce. Dulce y salvaje. Quién puede decir que no estuvimos ahí, que no fuimos, que no tuvimos nuestro momento. Parece una artista de los 50, de incógnito. Ojos claros, culo liso, cuenta monedas en la palma de la mano. Es tan generosa con las propinas…

LA TELARAÑA: casatomada 0.6: ‘Regreso al instante previo. El texto ha desaparecido. Vuelve el engaño de la página en blanco. No hay creación. Sólo mitología. Artes combinatorias. ¿Dónde el espíritu sensible y dónde el espejismo? La escena sólo puede ser una:

[De rodillas, suplica la bondad
y la belleza.
La mirada de Dios es minuciosa como un látigo]’.

La tenaz voluntad de negar lo evidente se ha convertido en obra de arte. Sobre la ruina del duelo, bella, ha construído una catedral de cenizas que ni el viento se atreve a soplar. Son tus muslos los que abre, siempre sobre sábanas limpias, con cuidado de no entrar antes de tiempo, cada noche. Es tu beso el que borra de su rostro el estupor de los traicionados.

Blogs Ya.com: Espacio sobre Literatura: ‘Uno de los editores de Bartleby (preferiría no tener que decir su nombre ;-) me hizo llegar hace unos meses el libro Estos poetas son míos, de Mario Benedetti. Lo cierto es que las pretensiones de no salvarse de Benedetti y sus extemporáneas piedritas en la ventana de mis cotidianeidades nunca me agradaron.
(...)
Quizás por todo esto valoro aún más la sorpresa que me depararon estos pequeños ensayos sobre otros poetas, pues Benedetti fue, con su prosa aventurera y espontánea, torciendo mi escepticismo y constatando que Mario concibe la poesía como ya la concibo, valora en ella lo que yo valoro y se encandila con los versos con que yo me encandilo. Además de eso, me ha descubierto poetas escondidos a los que yo no me había acercado. Y defiende algunos poetas que también son míos, con una lucidez mucho más poética que sentimental’.

¿Quién es Desi, en realidad? Un libro de Camus en la mesilla, la fuga entre sombras por los soportales de Chirico, un blister de anticonceptivos, luz entre persianas, olor a café.

¿Quién es esa mujer que recita mientras prepara tostadas? ¿Quién es esa mujer con yodo en los labios que anoche hurgó dentro de mí? Cabellera azul, quinto cajón de la cómoda, dos vueltas contadas de cerrojo, llave-péndulo entre los pechos, como un talismán.

– ¿Qué hay en ese cajón?
– Nada valioso.

eL JuGueTe RaBioSo: Medias para señoritas importadas I: ‘La muchacha está de pie en la esquina. Una falda corta y ceñida a los muslos, una camiseta gris. No lleva sostenes. Los pezones sobresalen de la superficie redonda de los senos. Es casi una niña, piensa Oscar sentado en una de las mesas que hay dispuestas fuera del bar, frente a la plaza. Una mesa plástica de color verde y encima una botella de cerveza. En la etiqueta de la botella puede distinguirse el perfil de un indio. Oscar se lleva la botella a los labios. El calor. No muy lejos se oye el sonido de una ola que revienta contra el malecón’.