ínfimos urbanos: ‘Yo soy un delirio vano, soy un tejido de ayeres, de derrotas minúsculas, fui (...), fui en París una burguesita aburrida que se ahogó en arsénico; sepultada, en Milán, lloré un río santo; inventé la espera tejiendo y destejiendo hasta que el amante regresara de su década incendiada; me llamé Medea, me llamé Perséfone; vi morir tres hijos entre las ruinas de mi casa en Kosovo, bebí del semen de 70 soldados hasta sangrar el alma; tarde entendí las palabras de Werther, y me dejé amar por quien no supe desear…’.