lo justo sería eliminar a los intermediarios en el proceso de la cultura, es decir, en el viaje que realiza la obra del autor al consumidor.
pero, por ejemplo, si se publica una novela copyleft, se permite su descarga o su lectura online, aún pagando por ello, y el que se la descarga o copypastea permite que sea copiada de manera indiscriminada desde su ordenador o su web, el circuito económico se rompe.
si quiero escuchar la música de enrique mateu, la menos ‘académica’ – que es probablemente la más interesante – basta con ir a su
página de descarga y bajársela. por ello el profesor mateu no recibirá retribución alguna, a no ser que, según se informa en esa página, se efectúe una donación voluntaria. es decir, otra vez la edad media: trovadores, juglares y escribanos.
lo cierto es que las nuevas tecnologías están ‘devaluando’ la economía del trabajo creativo, cuya razón hasta ahora se basaba en el control de la copia.
¿la producción cultural será en el futuro una actividad regida por la subvención pública, la limosna o el mecenazgo aleatorio? ¿la autoría será siempre un permanente estado de meritorios sólo compensados por la difusión de sus obras? ¿deberemos prepararnos para planificar un futuro adulto en el que la creatividad es una actividad secundaria distinta de la que nos da de comer? ¿nos parecerá normal que por nuestro trabajo pague un porcentaje mínimo de los que lo disfrutan y siempre según su capricho? ¿alguien sabe lo que cuesta un abogado que nos defienda de los que incumplirán nuestra licencia copyleft?
pues eso, los músicos, los buenos músicos que quieran estar en activo a los cuarenta que hagan oposiciones a conservatorio, aguantando niños y empleando en ello un montón de horas y nervios, los escritores que ya no puedan chupar de papá y mamá que saquen puestos de funcionario en su ayuntamiento… y así todo.
con el copyright se abusa, por lo visto, de los pobres consumidores que sólo tienen para invertir en su iPod de 300 pavos y sus máquinas de 1500. con el copyleft se es generoso por narices y hasta la extenuación precisamente con aquellos consumidores que son incapaces de derivar un 0,7 de sus ingresos del adsense a una ONG.
¿estas consecuencias que se derivan de un determinado uso de las nuevas tecnologías serán beneficiosas par ala creación? ¿habrás menos basura comercial en las librerías? ¿disfrutaremos de menos música grabada, con peor diversidad y calidad? que la cosa va a cambiar está clara. ya veremos si la justificación ética del uso indiscriminado de la tecnología – que hasta ahora ha diseñado un ‘progreso’ que alguno podríamos poner en tela de juicio – ayuda a vivir en un mundo mejor o no.
en fin… a lo que se ve, lo que queda claro es que ni Google valora a los parásitos. por algo será.