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edición nimage : 22 : 07 : 2006
cuaderno de internet y cultura

Las historias » Lapidarias: ‘No sé de dónde viene el nombre, que Porfirio propuso. Se juega así: en una hoja de papel, cada jugador hace una tabla con varias columnas, cada una de las cuales debe estar encabezada por un concepto más o menos abstracto; la serie original que empleábamos era Ego, Amor, Muerte, Historia y Tristeza. Luego, como cuando se juega “Basta” (¿la gente todavía juega “Basta”?), en cada turno se debe llenar la totalidad de las columnas, pero no con palabras solas sino con textos breves, y el primer jugador en llenarlas avisa que ha terminado para que los demás no puedan alcanzarlo. Los textos para cada columna se crean eligiendo, de algún modo azaroso, una palabra concreta que se pueda unir a las categorías abstractas y estimular la imaginación.

Por ejemplo, “espejo”, que pareada con Ego dio una vez: “Lleno de locura me encontré en el espejo. Después, me amé.”

O “botella”, que unida con la categoría Sorpresa (porque Tristeza nos pareció demasiado restrictiva luego de algún tiempo) dio esto: “El náufrago metió el mensaje en la botella, pero luego no pudo sacar la mano”.

O “fosa”, que cruzada con Muerte dio mi primera minificción publicada. Por alguna razón estaba orgulloso de ella y la titulé

EL PUNTO EXACTO
—Ya llegamos—le dije—Éste es el punto exacto.
—¿Exacto para qué? Sólo veo es una fosa.
—Exacto—y disparé.

9 de marzo de 2006
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