póstumos: ‘El hombre del discurso y la corbata mal anudada piensa en su patrón y en que su trabajo ya terminó, saluda a la viuda con ademán solemnemente estudiado, con toda seriedad y toda corrección mientras piensa en cómo se verá la viuda puesta en cuatro, tomada de la cintura por la espalda y ensartada hasta al fondo, más al fondo, tan al fondo hasta que llore de placer o de llanto y se va y la viuda me mira y tiene algunas lágrimas en la sonrisa – pobrecita – todavía se le da por llorar mientras ve a esos tipos que tiran tierra y que si pudieran se la tirarían a ella entre los dos y le abrirían las piernas hasta conocerle el anverso y el reverso, hasta dejarla partida al medio como un queso y los tipos que no paran y no paran y no van a parar hasta que paren’.