póstumos: ‘Comienzo a sospechar que el blog le produce un daño irreparable a algunos literatos, incluso a algunos que pueden ser considerados gente inteligente, pero no tanto por la famosa frase de Lamborghini de “publicar y luego escribir” sino por la existencia de ese código destinado a la medición de visitas que conocemos como servicio estadístico. (...)
Con el agravante que condenarse a la finta fácil para recibir esa caricia inmunda que son los efímeros halagos en un blog (¿alguien duda que la característica más notable de los comentarios que se dejan en un blog es su infinita estupidez?) implica negociar la propia palabra por un rédito miserable, que sólo puede importar para aquellos que dudan de su propia valoración. (...)
La participación, en literatura, es una reverenda tontería: el texto está escrito, al lector le queda el juego de la lectura y en caso que su cuero le alcance, el juego de la reelaboración, la reescritura. Cualquier estratagema para encubrir esto no pone en juego más que teorías estúpidas que, en lo que a mí respecta, me parecen únicamente destinadas a disimular fracasos personales’.