Las Ciudades Invisibles: La belleza como síntoma: ‘La belleza como síntoma, algo parecido a la fiebre que te da cuando estás lejos de casa y no tienes dinero ni zapatos que hacer chocar tres veces. Desorientada en una habitación de hotel que no tiene más posibilidad que la de abrir o cerrar la puerta. Si te fijas bien puedes comprobar que ni siquiera hay televisión y por suerte alguien ha robado, perdido o tirado el cenicero. No vas a fumar porque eso supondría necesidad y tal vez un mechero o una caja de cerillas de esas con propaganda de un sitio al que no puedes ir. El decorado se limita a una cama escogidamente deshecha y un espejo que alguien ha puesto allí para devolverte diferentes planos de ti misma’.