Clubleteo.com: ‘Los entierros y sus vísperas ya no son lo que eran. Se me dirá que tampoco las bodas, donde el diseño ha sustituido a la liturgia y ya no se ven novias embarazadas, ni esos novios tísicos y apocados que las abandonaban en el altar. A lo sumo, en los pueblos, todavía quedan pensionistas que llevan el ataúd al hombro, pues lo que es en la ciudad lo queman con el muerto dentro, e incluso los hay que guardan las cenizas en una urna de porcelana.
El desconcierto se expande melodiosamente en el hall de los tanatorios: allí, hasta el réquiem de Mozart suena a música de ascensor. Los cortejos son más pálidos que fúnebres y asusta ver tanta corona, coronas ubérrimas y heráldicas, como si en lugar de un sepelio honroso se celebrase un certamen floral. Hasta los deudos, pertrechados con gafas de Armani, parecen reporteros de un canal de televisión’.