Avellana. Un blog literario: ‘Pasaron tantos años como para que la fortuna girase de nuevo. Una mañana el rey mandó que lo dejaran estar solo. Enmudecido, no sabiendo adónde ir, anduvo hacia el antiguo lago. Ató su caballo al bolardo de un muelle, subió a una batea cubierta de hojas y se fue empujando él mismo la pértiga por los canales verdisecos. El lago era una ruina que parecía salir de su memoria. Navegaba por una tristeza hecha a partes de lo que se había arruinado y de lo que nunca había sido’.